¡Si no llego, arranquen sin mí!

Por Ramallo Informa




¿Cómo se define la efectividad de un funcionario público? Algunos podrán decir que sólo evaluando su desempeño en el área que le compete es suficiente; otros piensan que hay que esperar a la finalización de su período político y ver en términos tangibles la transformación que gracias a él se logró, en favor de la comunidad. Pero a veces no se puede esperar a que el funcionario termine su mandato. En el caso específico de los concejales hay valoraciones que simplemente se pueden hacer desde el punto de vista de las soluciones que producen en favor de los vecinos en forma casi cotidiana.

 

En una nota anterior observamos como la edil Bárbara Junco,  estudiante de  instrumentadora quirúrgica, es una pésima representante del pueblo “con asistencia perfecta”.  Es decir, la asistencia no garantiza nada. Otros termómetros son el involucramiento y preparación en temas que no son del dominio habitual de cada concejal, su acercamiento a los vecinos en forma regular, la atención a sus reclamos, la capacidad de debate que se expresan en las sesiones ordinarias o la creación de proyectos  e iniciativas. Pero en este caso, nos vamos a detener en la observación de las asistencias de los ediles y secretarios del Concejo Deliberante a las sesiones ordinarias, a las reuniones de las diferentes comisiones y las obligaciones diarias.

 

En el año 2013 el concejal Pablo Ribé lideró la planilla de inasistencias lo que manifiesta por lo menos una clara irresponsabilidad. Aunque mediático en la defensa de sus ideales y extremadamente claro a la hora de cuestionar el mal funcionamiento que en su opinión tiene el poder ejecutivo local, no parece haberse tomado en serio un cargo por el cual cobró rigurosamente cuatro años consecutivos. Esto no refleja la capacidad de Ribé, sino solamente el incumplimiento con sus compromisos como funcionario electo por el pueblo, más aun teniendo en cuenta que fue candidato a intendente en la elección del 2011.

Cabe destacar, que Ribé no es el único que se destaca por sus inasistencias a las reuniones deliberativas, como tampoco la concejal Junco es la única que parece estar sólo para levantar la mano y responder a su bloque. Tanto en la actual como en las anteriores conformaciones del Concejo Deliberante elegido por el pueblo, hay y hubo concejales a los que no se les conoció la voz ni su opinión, salvo por el voto siempre positivo en favor de su bloque.

Esta nota no es de ninguna manera un ataque hacia la persona de Ribe, sino como lo que realmente es, un simple análisis de una realidad que permitimos que suceda en el Concejo Deliberante. Y también es un llamado de atención a los ediles actuales y futuros. No es posible cobrar un sueldo cuando no se ejerce a conciencia y comprometidos con la gente.

 

Ya que en el concejo deliberante también trabajan secretarios y colaboradores, vale la pena destacar que un puesto clave como el de mesa de entrada, por el cual el Señor Gastón  Castro también cobra su sueldo, sin asistir a su trabajo como corresponde, no ejerce sus obligaciones y es muy improbable hallarlo  trabajando.  Esto no es actual, años atrás cuando había un menor seguimiento del  desenvolvimiento de los ediles por parte de la prensa, era peor. Sin ir más lejos, Roberto Borselli y Gustavo Perié (actualmente representantes del Pro), ambos secretarios y prosecretarios del Concejo Deliberante, casi no se los vio en sus obligaciones diarias, aun cobrando un sueldo, aunque más modesto que el de los concejales.

Pero esto denota otro problema que es el que  le permite faltar de forma sistemática, sin llamados de atención, sin cuestionamientos, ni medidas contra su marcada irresponsabilidad. ¿Cómo sería la asistencia del encargado de mesa de entrada del Concejo deliberante si en lugar de trabajar aquí, trabajara en una empresa privada?

 

 

En el caso de un concejal y solamente para ilustrar, si hiciéramos una suposición y tomáramos en cuenta que debería asistir por lo menos a una vez por semana, sea a una reunión de comisión o a las sesiones quincenales, cada ausencia se podría valuar en $ 5000. ¿Cuántas inasistencias existirían si estas se descontaran de sus sueldos como funcionarios legislativos?





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