¿Habrá nuevo presidente en paz?

Por Ramallo Informa







(Por Ernesto Tenembaun). El 25 de abril de 2003, Carlos Menem supo que nunca más sería Presidente de la Nación. Ese día se realizó la primera vuelta de las elecciones y, si bien había salido primero, la diferencia con el segundo fue mucho menor a la que esperaba. No hubo dudas, entonces, que Néstor Kirchner le ganaría el ballottage por una diferencia abrumadora. Menem, que se sentía el político más importante de la historia argentina, no soportó la idea de perder. Entonces, semanas después, se retiró y lo hizo de la peor manera: insultó a quien estaba a punto de ganarle, acusó a Néstor Kirchner de ser montonero. La pataleta no le hizo bien. Quedó para siempre como el hombre que se bajó de la pelea. Perdió, además de una elección, la dignidad. Y el nuevo Presidente salió fortalecido.

Más de doce años después, la historia se repite. Cristina Fernández de Kirchner debe entregarle el jueves los atributos de mando a Mauricio Macri. Y está a punto de bajarse de la ceremonia porque no acepta el triunfo de quien, inevitablemente, será su sucesor. Para justificarlo, igual que Menem, lo insulta. Si se baja, como parece en el momento de cerrar estas líneas, no se perjudicará nadie más que ella: quedará para la historia como la primer presidenta que se negó a entregarle la banda a su sucesor. Además de una elección, perderá la dignidad.

Es disparatado e innecesario. Pero nadie es quien para privarle al otro de los placeres de la vida.

Apenas se supo que Macri ganó, Cristina y los suyos -la agrupación conocida como La Cámpora, que lidera su hijo- anunciaron que realizarían una marcha frente al Congreso el día de la asunción. Esa marcha estará integrada por personas que han coreado, durante años, “Macri, basura, vos sos la dictadura”. Y que lo piensan, además, como se puede leer en la última nota de Horacio Verbitsky. Desde la derrota del 22N no hubo un solo discurso público en el cual Cristina reconociera el triunfo de Macri con hidalguía. Lo acusó implícitamente de querer reemplazar a Zamba por el Pato Donald, de intentar manejar el país como una empresa, de gritarle en privado, de desconocer la Constitución, de ganar por poco, de intentar adquirir autoridad por medio de un acto protocolar. 

Y MAS…

Y podríamos agregar que ayer, a último momento, tras desacertada -pero legal- consulta del Macrismo a la justicia a cerca de los tiempos del cambio de presidentes, le dio la excusa que Cristina necesitaba para no entregar la banda y el bastón presidencial, y ausentarse con motivo (aunque ridículo), y tras llovido, Parrilli acuso al presidente electo de hacer algo que le recuerda a un “golpe de estado”. 

El nivel de ridículo al que hemos llegado grafica lo que somos, un país bananero, de cuarta, que no consigue ni siquiera la formalidad de llevar adelante una ceremonia protocolar, ni siquiera por respeto a los que votaron al saliente como al entrante. Somos simples ciudadanos y no nos merecemos el destrato, aun a pesar del trastorno (de cualquier tipo) que le provoque a la presidente saliente, como al recién electo, que bien podría haber aceptado recibir los atributos en el congreso ante esta última decisión inexplicable de Cristina Fernández, cosa que debió aceptar aunque mas no sea para evitar otro papelón ante los ojos del mundo. 

La paranoia política que ha disparado las acciones (acertadas o no) del “kristinismo” duro, nos ubica al nivel de una discusión de dos adolescentes caprichosos e irresponsables. Y en mi opinión todavía falta ver algún grado de daño más, algo se les ocurrirá porque está en el ADN de Cristina y sus fanáticos seguidores, faltos de todo tipo de sentido común propio. Ojalá me equivoque, pero antes que asuma el nuevo presidente, seremos sorprendidos por otro ataque a la continuidad democrática pacifica, ya que en el fondo de la cuestión, Cristina no acepta la democracia. Se va creyéndose la dueña del país y la única posible salvadora. No creo que entre en lógica la realidad: fue una servidora pública a la que le prestamos un cargo. 

(Juan Manuel. Lector de ramalloinforma.com.ar )

HISTORICAMENTE

(Por Ernesto Tenemabun). Lo natural, una vez conocido el resultado electoral, era ponerse a disposición del que llega. Pero no fueron así las cosas.  Esta sucesión de rarezas trasnforma en poco relevante el contenido del diálogo, que solo ellos conocen, entre Fernández de Kirchner y Macri. Pero puede haber convencido al Presidente electo de que estaba caminando hacia una trampa: dados estos elementos, podía asumir en medio de silbidos y abucheos en su contra, en la calle y en el recinto, y de ovaciones para Cristina. Entonces, reclamó lo obvio: que la ceremonia se hiciera de la misma manera que siempre. Juan Domingo Perón asumió tres veces en la Casa Rosada. Carlos Menem, dos. Héctor J. Cámpora, Raúl Alfonsín, Arturo Illia, Fernando de la Rúa, una. Zamba, el ídolo de Cristina, lo explica con claridad en sus videos. ¿Cuál sería entonces el problema? ¿Que a ella se le va el vuelo a Santa Cruz? ¿Que no la esperan para el check in?. Los argumentos de Cristina sirven solo para dar letra a los chicos que se definen como los soldados de Perón, y poco más. La Constitución Nacional no dice en ningún lugar, como ella sostiene, que el Presidente electo debe recibir los atributos en el Congreso

MAÑANA:

(Por Ernesto Tenembaun). Pero las cosas no son tan fáciles. Macri podrá aceptar o no los atributos de manos de Cristina, pero igual deberá ir al Congreso a jurar y leer su discurso de asunción. El bloque kirchnerista podrá ser respetuoso, aceptar su discurso o apelar a distintos métodos para debilitar su autoridad. Luego, en la calle, el Presidente electo volverá a enfrentar un escenario imprevisto. Como en otros momentos de su historia, cuando sintió que podía perder la escena pública, la conducción del Kirchnerismo le pidió a sectores afines que hicieran acto de presencia, en todo caso, para disuadir la llegada de otros. Ese marco de tensión que rodeará las ceremonias del jueves, es muy revelador de lo que viene: Cristina liderará un sector de la oposición que será, hacia él, intransigente y agresivo. Una cosa es utilizar estos defectos del adversario para ganarle las elecciones, y otra muy distinta gobernar. El kirchnerismo puede argumentar con todo derecho que quien quiera gobernar este país no puede quejarse: ellos también tuvieron sus propios desafíos.

Macri deberá demostrar el jueves que tiene estatura presidencial: que puede hablar sin titubear frente a un público al menos parcialmente hostil, que puede soportar con estilo un eventual agravio, que sale de situaciones difíciles como un líder y no como un personaje menor, timorato, tembloroso. Las reglas las pusieron otros, pero la presidencia la buscó él, y este es el país que es. Será el primero de una larga seria de desafíos y no, precisamente, el más complicado.

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