La historia de “Bombón”

Por Ramallo Informa

Por medio de las redes sociales comenzó a circular un relato que narra la historia de vida de Juan José Salvatori, para los vecinos ramallenses, “Bombón”.

 

Recorriendo imágenes de mí pueblo, que quedaron registradas en la memoria colectiva, personas y personajes de la vía pública.

El lugar preciso de este tierno personaje es la puerta un banco, allí, sobre una frazada, una madre indigente con evidentes problemas en la vista y a su lado dos niños pequeños. Trozos de pan, una mamadera, resto de comidas y un bolso con algunas pertenencias.
Seguramente en su limitado intelecto, producto de una mala alimentación prenatal y de su desarrollo, habrá grabado en sus ojos una mano extendida, y en sus oídos-“una monedita, por amor a Dios”.
​Uno de esos niños, ya adolescente, recorría nuestras calles años tras años. Pudimos saber, por sus dichos, que cuando se producía el receso escolar de su escuela especial de Empalme Villa Constitución, regresaba al lugar donde vivieron sus padres y donde él reconocía algunas imágenes.

“¿Serán los trenes, la bondad de la gente que lo vio de chiquitito y lo trata bien? Lejos está en su mente de niño, pedir moneditas. Él quiere ganárselas trabajando.”

Una lata con agua, algunos trapos, una radio mediana pegada a su oreja, hasta emprender tarea con un auto estacionado.
Comienza como un ritual, lavando ruedas, vidrios, techo. Se lo puede oír como establece una conversación con alguien imaginario y hasta contestarse cambiando la voz. El sorprendido propietario del automotor le paga por el servicio, a voluntad, y no falta algún desubicado que no solo no le paga, sino que lo trata mal.
Así transcurre su día, entre “Hola Bombón” que desliza a alguna chica que pasa por el lugar.
Con parte de lo recaudado acude a una panadería donde toma una gaseosa, alfajores, mira el periódico y de allí al supermercado donde compra una leche chocolatada y comienza nuevamente su ritual con otro vehículo que su dueño, autoriza su lavado. Casi nadie entiende como hace pero el trabajo lo realiza bien.
Todo mojado, poca ropa, zapatillas de cualquier número, camisas cortitas, pantalones arremangados. Consigue a cambio de un lavado, dormir en una remisería. Apoyado sobre una mesa viendo televisión, en la panadería.
Los fines de semana, deambular hasta altas horas de la noche y rendido dormir en la estación de trenes o debajo de un vagón.
Dios lo trajo hacia nosotros, hacia nuestra reconocida institución que contiene a personas con capacidades especiales. Supimos que se llama Juan José Salvatori. Que tiene familiares aquí y que no mantiene contacto con ellos.
Cuando cumple su mayoría de edad, se afinca en su querida Villa Ramallo.
Lee, escribe su nombre, posee su DNI y teniendo en cuenta las secuelas que quedaron por falta de la alimentación necesaria para desarrollarse normalmente, está aceptablemente recuperado física y mentalmente.

“Debemos tener en cuenta que cientos de chicos y personas son maltratados, abusados en las calles y él no fue la excepción.”

Su tutor (pareja de su madre) lo visitaba esporádicamente, pero hay un manifiesto rechazo por parte de él. Este señor se limita a darle algo de lo que le corresponde mensualmente, para lo cual Juan se traslada al lugar de residencia de su hermano, en la casa de su madre fallecida. En unos de esos viajes se encuentra con que su abuela también ha fallecido… Por lo que la situación, lo separa aún más de su padre y hermanos.
A “Crecer con todos” acuden sus clientes y tiene su lugar, sus pertenencias que incluyen DVD; Televisor; unos cuantos artefactos de reproducción de música que fue comprando, MP3, MP4; y su computadora portátil, donde “El Chavo” es su tira de cabecera. Lejos quedó aquella vieja radio que llevaba pegada a sus oídos desafiando a los autos que circulaban por la avenida. La ropa que usa en la actualidad, es por él comprada con mucho orgullo, y que usa cuando va a bailar con sus amigos.
Está insertado en una sociedad que lo respeta y admira, por su Bondad, salvo aquellos idiotas que nunca faltan.
Sus pares lo tienen como un hermano más y a modo de agradecimiento desliza frecuentemente un “Papi” a quien le brinda cariño y límites como si lo fuese.

“Juan José Salvatori, “Bombón” para todo el pueblo, es una bendición de Dios, junto a aquellos que a diario luchamos por derribar las barreras de la discriminación y por la tan ansiada inclusión social y laboral.”

Hoy pertenece a la plantilla de operarios del Taller Protegido de la Institución Crecer con Todos, donde recibe un peculio mensual y tiene participación en las ganancias por la venta de productos de panificación.

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